Aldon Pérez, un niño de 12 años de la aldea Las Lomas, San Jacinto, Chiquimula, ha encontrado su pasión en los cielos de la aldea Saspán (Guatemala). Este intrépido chaval, estudiante de sexto grado, no solo sueña con los vientos que acarician su rostro, sino que los domina con una destreza sorprendente en el mundo del parapente.
La historia de Aldon es una narrativa de superación que inspira a todos aquellos que conocen su camino. Adoptado por Nelson Villafuerte, dueño del parque, Aldon ha aprendido a alcanzar sus sueños a través del vuelo libre. Su historia comienza en una aldea pobre, donde su conexión casual con la tía del dueño del parque le abrió las puertas a un mundo de posibilidades.
Aldon comparte emocionado: «Soy de una aldea pobre. Le hacía favores a una señora y ella, un día, me pidió un gallo y se lo llevé, pero yo no sabía que era tía del dueño del parque (Villafuerte). Él me ofreció un paseo y yo, muy contento, acepté. Entonces me llevó al lugar y me indicó que me iba a enseñar a volar».
Enamorado de este deporte desde el primer vuelo, Aldon ha dedicado tiempo y esfuerzo para aprenderlo. Asegura que es una práctica cien por ciento segura, con el único riesgo de que la vela falle, pero siempre lleva consigo un paracaídas de emergencia.
Con un año de experiencia y la guía de navegantes experimentados, Aldon ha conquistado las alturas. «Tuve que recibir clases de escuela en la campa, en donde te enseñan a controlar la vela y, cuando ya se domina el ejercicio, se sale a volar. Esto se hace en una o dos semanas. Se puede tomar como un trabajo, pero todavía lo estoy practicando», añadió.

Aldon Pérez, el niño que domina el parapente, destaca la belleza de este deporte y agradece las lecciones aprendidas. «He asimilado bastantes cosas y estoy bastante agradecido. Es un deporte muy bonito», expresó con gratitud.
Este valiente joven no teme a las alturas; al contrario, encuentra en el vuelo una experiencia que transmite seguridad. Su mensaje es claro: «A veces la vela se dobla, pero se compone sola». Además del parapente, Aldon practica canopy (tirolina), mostrando su alegría por las múltiples facetas de su emocionante vida en las alturas. Aldon Pérez, el niño que surca los cielos, nos recuerda que los sueños, una vez alcanzados, nos elevan a nuevas alturas de felicidad y realización. ¡A volar alto, Aldon!

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